alejandro

alejandro tiene setenta y siete años,
algunos dientes,
y la dulzura de relatos mezclados
con recuerdos cruzados de algunos abuelitos.

cuando era niño padeció la guerra
y cuenta que cuando hacía frío,
la receta era acurrucarse junto a sus seis hermanos.

A los doce años decidió irse de casa,
por necesidad y para escapar del trabajo en la huerta
-algo que nunca le gustó,
sobre todo porque había “apoderados muy crueles”-.

al tiempo encontró trabajo en una maderería,
y ahí se quedó hasta la jubilación.

alejandro no tuvo hijos,
ni se casó nunca porque dice que eso es
“para darle dinero a la institución eclesiástica”,
pero vivió muchos años con la que fue su compañera de vida
hasta hace cinco años, en que partió.

dice que es feliz, que ha sido feliz,
porque es libre y trabajó en lo que quiso
y porque cuando pasa por la puerta de una iglesia
sigue de largo y se va al bar a tomar un café.

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